Pilato les dijo: «¿A quién quieren que les suelte: a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo. Ellos respondieron: «A Barrabás». Pilato les dijo: « ¿Qué haré entonces con Jesús, llamado el Cristo?». «¡Sea crucificado!», dijeron todos.Entonces les soltó a Barrabás, y después de hacer azotar a Jesús, lo entregó para que fuera crucificado. Mateo 27: 15-26.
Para un historiador, la naturaleza del Estado en España supone una agonía de axiomas, que solo sujeto a leyes arbitrarias algunos entienden. Las brechas entre la sociedad y el aparato de poder, entre la política y lo político caminan con pasos firmes y decididos sin empatía. España, al igual que Turquía y otras naciones menores europeas, han experimentado un inverso proceso en la construcción de sus imperios e identidades nacionales. Inglaterra o Francia, sin duda EEUU, colocaron sus posesiones e influencias sobre los derrotados imperios.
El rumbo doloroso del proyecto nacional, interpretado por las escuelas filosóficas e históricas en modo diverso e incompatible, generó disminución del Estado, pobreza de la sociedad y un intenso sentimiento de aflicción que conoció el XVII español, hasta romper con lo que llamamos Guerra de la Independencia, mezcla de guerra civil y de encontronazo con las corrientes ideológicas occidentales. Entre 1808-1812 el Estado y la sociedad se soldaron, la inteligencia o elites salieron de España bajo la denominación de afrancesados. Y en el XIX el sentido de nación, sus empresas militares externas, la distancia entre grupos y clases, llegó hasta 1898. Inane, la Nación ya no caminó unida. Y vinieron la guerra y el régimen de Franco y el lentamente agotado “Régimen de la Transición”, que ha abierto la grieta de las desavenencias y ruptura de la unidad nacional, con el nacionalismo, los idiomas y el bipartidismo. Como en 1874. Pero sin marcha atrás.
En el campo sin abono de una nación destruida, en el que se han dado pasos de no retorno, y pese al equilibrio económico del régimen anterior, las disfunciones fomentadas por el gobierno, los poderes económicos y la liturgia woke, se han despertado las más terribles de las desdichas y la insólita marcha atrás del progreso. El pueblo quiere a Barrabás, la Iglesia católica adora a Barrabás, la prensa idolatra a Barrabás (de género) y la desprotección de los poderes públicos nos somete a preocupaciones extremas.
Hace años, contemplé una escena impactante. En una calle de Málaga corría un individuo al que súbitamente cortó el camino un policía nacional (cuando patrullaban en motos). Saltó rápido y detuvo al sujeto, mientras este tratada de escapar pese a estar con las esposas, le tiró al suelo colocándole una pierna en la espalda mientras pedía ayuda. Frente a la escena, una señorita temblorosa y llorando: se trataba de un intento de atraco con navaja. Situado en tal escena, me acerqué a la muchacha, a la que traté de decir algo. Se aproximó otra señora que la consoló y abrazó. Pero he aquí el pueblo y Barrabás. En segundos, una turba popular, profiriendo gritos e insultos contra el policía, trataron de “liberar“ al Barrabás. De no haber aparecido los refuerzos, los cafres hubiesen obtenido su botín. El delincuente fue detenido entre los vítores de las masas al Barrabás.
Hace unos días una patera, con grupos de ilegales, desembarcó, con la mayor tranquilidad, en Castell de Ferro. Unos bañistas, cumpliendo con el deber ciudadano de oponerse al delito, ayudaron a la Guardia Civil a detener a dichos individuos. De nuevo, las turbamultas asomaron con los gritos, ahora “progresistas” de “déjalos c…, deja que escapen”.
Conozco bien a las catervas de progreso. Aprendí a distinguir a los depredadores (dedicaré un capítulo a estos héroes). En un gran accidente mientras la gente salía rápidamente dejando puertas abiertas, otro coche paraba y saqueaba los vehículos que, prestos, estaban ayudando a la tragedia. Ya había visto fuera de España estas escenas de tropel. Solo grité “ladrones” y se largaron. Uno, ahora, seria excomulgado por la Iglesia Católica.
La parte del chascarrillo de este explicandum, es la Conferencia Episcopal plurinacional. Haciendo el trabajo a todos los enemigos de la Nación, la religión y -como en el XIX- al Trono, han explotado a favor de los barrabás. Para el clero de progreso entre la Ley y su cumplimiento, entre los católicos y los islamistas, entre el ejemplo y la obligación de orientar a los fieles en la verdad, se han alineado contra el racismo, la xenofobia y ellas y ellos, niños y mayores, si Pilatos proclama ¿entre la Ley y su incumplimiento, entre la protección de los ciudadanos atacados por una patera, a quien elegimos? A la no-ley, a la patera, al islamismo. ¡Viva Barrabás! La hermenéutica del texto o declaraciones de tan cristianos personajes es sublime: un ataque racista a las religiones y hasta a los no creyentes. Lo de no creyentes es lo más comprensible porque van a quedar en los huesos por su ignominia. Los Padres (por ahora) no recuerdan las persecuciones del Islam a los cristianos, ni sus violentas expresiones. Ellos saben que el Islam no es una religión, es una axiología estratégica. Un problema de Estado Mayor. Ni son budistas ni evangélicos. Su dinámica es el poder bajo los terribles dictámenes de la Sharia y la persecución del infiel.
España está con Barrabas. Y aun así no ha dejado de ser católica. Pese a la Conferencia Episcopal Plurinacional.