El sector pesquero y turístico de la Costa del Sol puede quedar herido de muerte en pocos años. Y el responsable no será otro que el alga asiática o ‘Rugulopterix okamurae’, que sigue extendiéndose por las costas andaluzas por noveno verano consecutivo.
El alga asiática es una especie parda capaz de alcanzar los 30 centímetros de longitud y que, normalmente, habita entre la superficie y los 30 metros de profundidad. No es autóctona del Mediterráneo, sino que procede del Pacífico norte. Concretamente, llega desde las costas de Japón, China, Corea, Taiwán y Filipinas.
Se trata, por tanto, de una especie invasora que está provocando un auténtico desastre medioambiental en el Mediterráneo, arrasando con los ecosistemas marinos autóctonos y causando un daño irreparable en la pesca y la actividad turística.
El análisis de riesgo elaborado por el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico en el año 2022 estimó pérdidas económicas de más de 800.000 euros en nueve meses, aunque en este estudio no participaron todas las cofradías de pescadores.
Otros estudios más recientes han indicado que los daños económicos en el sector pesquero en la zona de Tarifa (Cádiz) se cifran también en torno al millón de euros.
El seguimiento de la expansión de este tipo de alga está siendo monitorizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Málaga. En un artículo publicado al respecto en marzo de 2025, señalan que el alga asiática llegó a las costas de España en 2015, concretamente, a las playas de Ceuta, posiblemente en las aguas de lastre de algún carguero procedente de Asia. En el Estrecho encontró un ecosistema debilitado y desde entonces se ha expandido por prácticamente todo el litoral peninsular.
La investigadora Rosas-Guerrero detalla que, cuando llega una especie invasora y ya se encuentra bien establecida en un territorio concreto, la erradicación es muy difícil: «Se podría decir que es prácticamente imposible».
Llegados a este punto, podríamos preguntarnos cómo un alga originaria de Asia ha podido asentarse o proliferar en aguas del Mediterráneo. La respuesta no es sencilla, pero la opinión más extendida entre los expertos sostiene que alcanzó nuestras costas a través del transporte marítimo internacional, especialmente por el agua de lastre de los barcos mercantes. Estos barcos, al descargar el agua de lastre que habían recogido en puertos asiáticos, liberaron accidentalmente las esporas o fragmentos del alga en aguas mediterráneas, donde encontraron condiciones propicias para su proliferación.
¿Liberaron accidentalmente esporas o fragmentos de algas? ¿O entramos en teorías conspirativas? Porque en un mundo dividido en dos grandes bloques económicos en pugna permanente, el occidental capitaneado por Estados Unidos y el asiático dirigido por China, no resulta descabellado desconfiar y pensar sobre a quién benéfica o perjudica acabar con la actividad turística y pesquera en el Mediterráneo. El famoso “cui prodest”.
Por otro lado, resulta pertinente denunciar el descontrol del tráfico marítimo en el Estrecho y la irresponsabilidad de los gobiernos de turno en este sentido. Lo mismo que resulta inadmisible permitir que haya buques que limpien sus fondos llenando de chapapote las costas, también lo es que barcos procedentes de Asia “depositen” especies invasoras en nuestros fondos marinos.