Entre comentarios, declaraciones y hasta alguna conferencia, el Director General de Tráfico, Pere Navarro, en el cargo con ZP y de vuelta con Sánchez, desliza su nievo invento. Por si no lo saben, el citado responsable -conocido por sus aires de santón de laico puritanismo- anda con la avanzada idea de limitar o prohibir, según los casos, la circulación de los automóviles con una sola persona. Afirma el Director que así disminuirán los atascos a la mitad. La decidida y creciente intromisión en nuestras vidas no cesa, este paso -aún en ciernes- es otro más para hacer a los ciudadanos, a las personas, meras unidades del colectivo. La idea está a caballo entre “me aburro y quiero llamar la atención” y “me gusta pastorear a la gente”. Aunque pueda parecer que estas cosas se producen con el calor del verano y los bochornos, el paternalista Navarro lo viene “madurando” hace tiempo. Si se aprueba este ataque intolerable a la libertad, lo siguiente versará sobre cómo sentarse a la mesa camilla, de qué hablar y quién sabe si qué pensar. Como tantas cosas en la vida, esta prohibición llegará poco a poco, limitando los coches de un solo ocupante por según qué carreteras o qué días. Finalmente, por nuestro bien, quedará vetado circular a solas, no olviden que ya llegó aquello de las zonas de bajas emisiones y la imposibilidad de transitar para determinados autos y motos.
El mundo se mueve en sinuosas direcciones y nuestras democracias dejan pasar determinadas decisiones que sólo conocemos por las noticias, pero que no votamos. Hay cuestiones que la propaganda se encarga de blanquear y quedan servidas, como el euro digital y otras cuyo conocimiento o propósito se nos escamotea. Piensen en la apuesta por hacer disminuir el tamaño de la agricultura y la ganadería en la UE, los recortes constantes a la PAC o los correspondientes a la pesca. Recuerden la reciente aprobación del consumo de insectos, grillos, escarabajos y quien sabe qué más, así como la harina de los mismos para su uso culinario -algo repulsivo para nuestras tradiciones y cultura-. Son resoluciones que se cuelan y se ignora qué voluntades las propician y qué buscan realmente. Más que anécdotas u ordinarias decisiones para servir al interés general, son extrañas luces que debieran alarmarnos al menos un poquito.
No por casualidad todos los regímenes basados en el colectivismo han fracasado del siglo XVIII hasta la presente, no por casualidad la democracia, con todos sus inmensos fallos y errores, se ha alzado como propia de los países más avanzados. No es buena idea mangonear a las personas, suplantar su voluntad o reducirlas a meros sujetos pasivos, no es legítimo ni ético y, además, siempre sale mal.