Adamuz, el puente de la negligencia. Joaquín L. Ramírez

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En estos días tan duros y llenos de pesar, sólo nos queda pensar, analizar e investigar los hechos para poder tomar todas las medidas posibles y que no puedan repetirse. Gobernar no es ni fácil ni simple, cuando una persona se ve encumbrada a una alta responsabilidad son inevitables el protagonismo y el envanecimiento. A veces, el privilegiado protocolo de un alto cargo es de tal magnitud que puede llegar a confundir a unos y otros. Pero lo peor ocurre cuando el trato respetuoso y deferente llega a hacer creer que se trata de una burbuja o un blindaje. “No olvides que eres un ser humano y tu trabajo y acciones deben justificar cada día el ejercicio de tu nombramiento. Si olvidas tu deber y que estás obligado a acertar y llenar de eficacia tus decisiones, serás pasto de la reprobación, el desprecio y el cese. Es nefasto olvidar para que te llamaron, no ya la causa de interés del respectivo entramado político o partidario, sino el implícito mandato del pueblo al que te debes”. Más allá de la simpatía ideológica, la propia opinión o discrepancia, más allá, está cumplir con la obligación y realizar los objetivos marcados. La realidad venía avisando de todo tipo de incidencias retrasos, caídas de tensión y pequeños accidentes, en la Alta Velocidad en los últimos tiempos. También las irregularidades, las imputaciones, la constatación de adjudicaciones bajo sospecha o directamente condenadas, los nombramientos de personajes sin conocimientos técnicos para puestos de esta condición, todo parecía avisarnos. No puede dejarse en el tintero que el anterior ministro del ramo está en prisión preventiva, ni que una anterior presidenta de Adif está procesada o que Koldo García fue consejero de Renfe… No es una broma llevar adelante una obligación pública, “sea usted como quiera, pero cumpla su compromiso, usted no está para pasearse ni para hacer amigos, sino para hacer de la exigencia, la rectitud y el acierto, su norma rectora de vida”.

Poco a poco el deterioro de nuestras infraestructuras, trenes, carreteras y aeropuertos, se hace indisimulable. Bajo sospecha la inversión, el negligente descuido con el mantenimiento, concursos públicos, altos personajes y negocios salpicados de basura, la escasa dedicación de los responsables y agigantada figura en polémicas absurdas, así como la ausencia de Presupuestos Generales del estado, caracterizan las horas y los días de ejecutoria. Poco a poco, ya no se puede negar… El drama, el dolor, la pérdida y la muerte, no son reversibles. Incluso que los culpables paguen no resuelve lo ocurrido y mucho menos repone las vidas truncadas, las cicatrices y las heridas. Ya nada nos puede conformar. Pedro Sánchez y su gabinete -si no son una condena- deben dar explicaciones inmediatas y, seguidamente, dimitir en bloque

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