En el complejo tablero de la geopolítica actual, el Gobierno de Sánchez insiste torpemente en la ambigüedad. Para muchos analistas, Pedro Sánchez intenta otra vez sorber y soplar al mismo tiempo, manteniendo a parches una fachada pacifista que busca reeditar soflamas oportunistas. Mientras el lema «no a la guerra» vuelve a ser utilizado como escudo electoral, la realidad de los hechos dibuja un escenario de profunda hipocresía. Se compran y venden armas y material de guerra y se adquieren compromisos militares en Washington y Bruselas que luego se intenta camuflar. Ya ocurrió con el compromiso de elevar el gasto en Defensa. Aunque Sánchez afirmó inicialmente que sólo llegaría al 2,5% del PIB, firmó -como el resto- el 5%, que los sectores atlánticos sugirieron como necesario ante la inestabilidad global, en los acuerdos de la cumbre de la OTAN.
Esta práctica de decir una cosa y firmar la contraria marca hoy la comidilla de la discusión política. La Ministra de Defensa ante el Embajador de Estados Unidos afirmó -más allá de si dijo en el famoso video “estoy cómoda” o “estoy con Trump”- que “España es un socio leal de sus aliados”. Se trata del uso de un doble lenguaje que deja claro que las declaraciones de Pedro Sánchez son sólo un devaneo doméstico sin consecuencias para poder librar sus pequeñas batallas partidarias y lograr el momentáneo contento de sus socios. Aún la salida de quince aviones militares estadounidenses (incluyendo los estratégicos KC-135) de suelo español con destino a otras bases europeas, otros hechos y decisiones abundan en la dirección contraria. Incluso el envío de la fragata Cristóbal Colón (F-105) a Chipre. El Gobierno intenta enmarcar esta misión como un acto de «solidaridad europea» y «ayuda humanitaria». Sin embargo, enviar el buque de guerra más avanzado de nuestra Armada -una plataforma diseñada específicamente para el combate de alta intensidad y la defensa antimisil- a una zona de conflicto tiene sus propios titulares. Al desplegar la F-105 en el Mediterráneo Oriental, España libera de esa responsabilidad a otras potencias que sí están atacando directamente, cumpliendo así con la cuota bélica por la puerta de atrás.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, fue muy clara en su comparecencia: Washington cuenta con una cooperación militar que el Gobierno niega en público. Esta discrepancia no deja a España en buen lugar, una vez más. La política exterior de Sánchez, basada en la rectificación constante y la ocultación de datos, convierte a España desgraciadamente en un socio poco fiable. Son cuestiones que se acaban pagando para perjuicio de todos. La fiabilidad, la responsabilidad y la prudencia no están en el diccionario de un dirigente que suele tomar personalísimas decisiones que comprometen a España sin consultar al Congreso.