Ceuta: Mujeres y Patria. Alejandro González Herrera

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Hay lugares peculiares, y uno de ellos es Ceuta. Un enclave español en el norte de África, que mira de frente a la península a través del mítico y jugoso Estrecho de Gibraltar. Es una ciudad frontera, y esa característica imprime carácter a sus gentes, especialmente a las mujeres, que descifran el concepto de patria de manera distinta al hombre.

El ataque a la soberanía española por parte de Marruecos en Ceuta ha dejado patente, por un lado, la vergonzosa actuación del Gobierno español carcomido por la corrupción, cuyo mayor acreedor es Mohamed VI; y por otra parte, la respuesta del pueblo ceutí, en especial, las voces de sus mujeres. Hay momentos en los que una ciudad deja de hablar por sus políticos, por sus instituciones o por sus intelectuales y comienza a expresarse por sus vecinos. Ceuta está viviendo uno de eso momentos. Cada aparición en los medios de comunicación de una mujer ceutí, normalmente en vivo y en directo, deja en el más absoluto de los ridículos la actuación gubernamental. Con la dialéctica del pueblo por bandera y un apabullante sentido común, ponen de manifiesto las mentiras de Marlaska (el primer apellido no le describe) y su banda de cuatreros subjetivos. Aniquilan verbalmente a todos esos tertulianos y tertulianas de plató de televisión, que de todo saben y de nada entienden, cuyos grotescos y sincronizados argumentos a favor de lo que dice y hace Pedro Sánchez no tocan techo. Sin argumentos a los que aferrarse, suelen guardar silencio, agachar la cabeza y mirarse cariacontecidos. Les han cogido miedo.

El gran médico y humanista Gregorio Marañón, en su obra “Tiberio. Historia de un resentimiento”, reflexionó sobre la distinta manera en que hombres y mujeres podían experimentar determinadas realidades humanas. Entre ellas, la idea de patria. Para el hombre, sugiere Marañón, la patria tiende a adquirir una dimensión más abstracta: la nación, la bandera, la historia, el Estado. Para la mujer, en cambio, la patria puede tener una geografía mucho más concreta: la casa, la familia, los hijos, la calle que conoce, el colegio al que acuden sus niños, la puerta que cierra cada noche. Quizá por eso las mujeres de Ceuta estén ofreciendo ahora una de las expresiones más rotundas de ese sentimiento de pertenencia.

Una formulación muy próxima aparece también en otra obra de Marañón, “La evolución de la sexualidad y los estados intersexuales”, donde igualmente se recoge la idea de que el sentimiento patrio femenino se vincula especialmente al hogar. “Su patria es su casa”

Y eso es un aviso a navegantes, tanto para los traidores (los afrancesados del siglo XXI) que quieren vender Ceuta, como para los beneficiarios de esa infame transacción, esos a los que los traidores llaman “socios fiables”. Tened cuidado porque vuestros “idus de marzo” a lo mejor comienza con las valientes mujeres ceutíes. Que se lo digan a Napoleón cuando su poderoso ejército se enfrentó a las mujeres en el “Sitio de Zaragoza” (1808-1809), o al poder de Roma frente a las numantinas (133-134 a.C), qué decir de Manuela Malasaña o la gallega María Pita.

Porque cuando una mujer dice que quiere defender su casa, no está hablando de una abstracción política. Está hablando de su vida. Cuando pregunta quién protegerá a sus hijos, está expresando el instinto más antiguo de la condición humana, el de proteger aquello que ama. Y ellas saben muy bien, que el gobierno socialista, teniendo el monopolio de la violencia, ha elegido la inacción, una sospechosa y mezquina inacción.

En los últimos días, Ceuta ha visto manifestaciones multitudinarias, consignas, banderas españolas y ceutíes contra el estatus creado después de la entrada masiva desde Marruecos.  Pero, más allá de las cifras y de la disputa política, nos encontramos con las mujeres y niñas de Ceuta que hacen preguntas y nadie les responde.

La mujer, históricamente menos inclinada a la política, puede terminar convirtiéndose en su terminal más humana cuando la política penetra en el ámbito de lo cotidiano. Mientras intelectuales y observadores puede discutir sobre soberanía o geopolítica,  una madre puede formular la cuestión de una manera mucho más sencilla: ¿qué va a pasar con mis hijos.?Porque la patria deja entonces de ser un concepto jurídico para convertirse en el calor de una familia. Tiene una puerta, unas ventanas, una escuela, una plaza, una iglesia, una playa. Quizá sea esta la razón por la que determinadas imágenes de las mujeres ceutíes resultan tan poderosas. No están defendiendo solamente una frontera dibujada en un mapa. Están defendiendo la normalidad de su vida. La posibilidad de caminar tranquilamente sin miedo, de llevar a sus hijos al colegio, de reconocer como propio la ciudad en el que han vivido siglos.

Eso no significa que todo pueda justificarse en nombre de la patria. Ni que la indignación legitime la violencia. Al contrario: precisamente porque lo que está en juego es la convivencia, la defensa de Ceuta debe permanecer dentro de la ley y de la dignidad humana. La protesta legítima pierde su razón cuando se transforma en agresión, pero al mismo tiempo es necesario hacer saber que la legítima defensa es un parámetro que hay que poner encima de la mesa.

La respuesta a una invasión teledirigida no puede consistir en pedir a los ciudadanos resignación mientras las instituciones discuten si son galgos o podencos. No se está pidiendo ninguna extravagancia, simple y llanamente que se cumpla la lay, y que todos y cada uno de los que invadieron nuestra soberanía el 30 de julio vuelvan por donde han venido, menores incluidos.

Tal vez las mujeres de Ceuta estén recordándonos que la patria no empieza en el Parlamento ni en la alta política. Empieza mucho antes, en un hogar. Cuando la amenaza llega a la puerta de casa, la defensa de la patria deja de ser para ellas una cuestión de soberanía, transformándose en la defensa concreta del hogar, de la familia, de los hijos y del lugar donde están enterrados sus muertos.

Por eso, cuando una mujer ceutí sale a la calle para defender su hogar, está haciendo algo más antiguo y antropológico, está afirmando, que esto es lo mío y lo voy a defender con uñas y dientes. Aquí están mis hijos, mi casa, mi patria y mi Virgen de África.

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