Las joyas de aquella caja fuerte -a la sazón en calle Ferraz- pasaron del anonimato y el secreto a dominio público por todo lo alto. Muchos socialistas o simpatizantes de aquel ZP de los tiempos se lamentan estos días afirmando haber perdido un referente de mensaje solidario y austeridad personal. Aunque mucho se dice y da por sabido, nadie -entiéndase su sentido de generalidad-, nadie sabe de razones, circunstancias, origen o causa del citado “tesoro”. Sea como sea, muy atrás quedan explicaciones fáciles o triviales. Las piedras preciosas, el oro, los imperiales engarces y sus onerosos diseños, no pueden responder al collar de perlas de la abuela de toda la vida. Hay algo más, puede que mucho más. De hecho, dicen que algún guionista ofrecido a ayudar anda loco, pues no hay invento o relato idóneo que pueda llevar al gran público por los senderos del contento y la justificación aceptable y tranquilizadora. Algo dispondrán, no se dude.
Vivimos tiempos desoladores, pues todo se está juntando al final. Recuerden al Fiscal, don Álvaro, proclamado víctima por un batiburrillo absurdo y cargado de falsas razones de sus apologetas. Al mismo ahora le aparecen reuniones con Leire o comprometidas acciones claramente reprobables en contra de la Juez Biedma, que instruyó causa contra el hermano de Sánchez. Todo a la vez, ahora que movían su indulto… Es mucho ya y hay que entender las reacciones desesperadas, miren Óscar López, él ya no puede más, así que acusa a los jueces -no a todos, eso sí- de ser prevaricadores. Conmueve, claro, pues todo esto es conmovedor, a los entramados no les da la vida para defenderse, es más, las golfadas no caben en el inventario. Delito fiscal, contrabando, cloacas, chantajes, mentiras continuadas, la SEPI y falsos inocentes que nada sabían, no.