Este fin de semana están llamados los marroquíes por las redes sociales para iniciar otra acometida masiva para traspasar las fronteras españolas, es un hecho objetivo. Por si acaso, en Marruecos las fuerzas policiales -puede que incluso las militares- se han movilizado para impedir que se repita el episodio, no así en España. Es decir que las autoridades españolas no han tenido a bien reforzar de forma clara la vigilancia de las fronteras de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Todo el mundo daba por descontado lo contrario en España y en el resto de Europa. Probablemente en este caso no habrá otra marcha asaltante de otras 80.000 personas, ya sea por las medidas tomadas por el gobierno de Marruecos o, sencillamente, porque ha caído el factor sorpresa. De todos modos, ante lo que pueda pasar, Sánchez ha decidido no dar instrucciones de proteger la soberanía territorial, lo ha dejado en manos del reino alauita o a la buena ventura. Es desolador el inexistente sentido del deber y la ausencia de lealtad del ejecutivo. Vivimos tiempos que cada vez cuesta más creer, el empeño de decir una y otra vez que Marruecos ha colaborado desde el minuto uno con España en esta crisis es tan inexplicable como reiterado. De hecho, desde el país vecino se ha acusado oficialmente a nuestras autoridades de maltratar a sus nacionales, así como a sus menores, en tanto se han referido a las plazas españolas como “ciudades ocupadas”. Extraños gestos para ser considerados amistosos. También han indignado las declaraciones del Ministro de Justicia marroquí amenazando con romper el tratado de extradición no se sabe por qué trapisonda. De este lado ni objeción ni pega. Por ello, allá dónde se ha atacado y comprometido la soberanía española nadie espera nada de Sánchez, sólo que se vaya.