El pasaporte de tu tía. Joaquín L. Ramírez

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Harvard empieza a ser una palabra maldita en según qué citas y lugares. Fue Sánchez a Harvard University, que luego dicen que tiene graves problemas de agenda, iba a dar un discurso sobre “la amenaza de los tecnooligarcas a la democracia”. Ya saben, su jerga genuina cuando habla de la IA; uno de sus retos, tener argumento propio sobre este asunto definitivamente seductor. Este tipo de reuniones es una de esas actividades que te hacen sentir bien, una charla a jóvenes universitarios, en una universidad tan prestigiosa, él, por si acaso, con trece coches de comitiva… Los estudiantes admirados y él sencillo, cercano, simpático, de todo, a pesar de su peso, su protagonismo, sus escoltas y su ostentosa importancia. Claro, pero a veces las cosas no salen como se previeron, y no, no le preguntaron por Elon Musk. Lo hicieron sobre su familia y la corrupción, el proceso penal de su mujer, la condena de su hermano, la del Fiscal General del Estado por él nombrado, las de Ábalos y Koldo García, la imputación de Rodríguez Zapatero, el hallazgo de sus joyas y sus vínculos con Venezuela, el Caso Pegasus, el Sáhara y su carta personalísima de entrega a Marruecos, etc. Dicen que Pedro Sánchez -político resuelto y curtido en mil batallas- enmudeció al enfrentarse a aquel ambiente, no pudo disimular, qué decepción. Vale que en España se esconda, pero que tenga que empezar a hacerlo también fuera, ya es demasiado. Gota a gota un vaso tarda en llenarse, pero si se insiste con empeño, el agua -no se sorprendan- acaba por derramarse.

Los aplicados estudiantes de Harvard, sin embargo, no se interesaron por los cónsules españoles en algunas ciudades argentinas y la aplicación de la inefable instrucción puchera de Sofía Puente. O sea, que no fue para tanto…

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