Hay personas que pasan por los lugares dejando una huella. Y hay otras que consiguen algo mucho más difícil: dejar un sentimiento. Pase lo que pase en la final del play-off de ascenso, tú ya has ganado algo que ningún marcador podrá quitarte jamás: el cariño, el respeto y la gratitud de toda una ciudad.
Málaga llevaba tiempo necesitando volver a creer. Necesitaba volver a levantarse cada semana con ilusión, volver a mirar al futuro con esperanza y volver a sentir que el fútbol podía ser mucho más que noventa minutos. Y tú, junto a tu cuerpo técnico y a tus jugadores, has conseguido precisamente eso. Has hecho soñar a miles de malaguistas que nunca dejaron de estar ahí, incluso cuando parecía que todo se derrumbaba.
Los resultados son importantes, por supuesto. El ascenso sería una recompensa extraordinaria al trabajo, al sacrificio y al compromiso mostrado durante toda la temporada. Pero hay victorias que trascienden la clasificación. Has logrado unir a una afición, devolver el orgullo a unos colores y recordar a todos que el esfuerzo, la humildad y la honestidad siguen siendo valores capaces de mover montañas.
Anoche, durante el partido frente a Las Palmas, lo vivimos en primera persona. Hubo momentos en los que el corazón parecía que se nos iba a salir del pecho. De esos instantes en los que uno apenas puede mirar, en los que cada balón dividido parece decidir una vida entera. Y fue entonces cuando me acordé de mi suegro Antonio. Estoy convencido de que desde el cielo te estaba echando una mano. Seguro que andaba junto al bueno de Juanito, comentando cada jugada, sufriendo cada acercamiento al área y empujando como uno más. Y también estoy convencido de que ambos, con lo viscerales y apasionados que eran, soltaron alguna que otra blasfemia cuando el trencilla murciano decidió añadir siete interminables minutos de descuento. Porque hay sentimientos que ni la distancia ni el tiempo consiguen apagar, y el malaguismo es uno de ellos.
Por eso, ocurra lo que ocurra en esta final, gracias. Gracias por cada entrenamiento, por cada decisión difícil, por cada mensaje de confianza cuando aparecían las dudas y por haber liderado este proyecto con la serenidad y la dignidad que caracterizan a los grandes maestros.
Y hablando de maestros, permíteme una petición cargada de cariño. No te olvides nunca de tus compañeros del Colegio Palma de Mallorca de Torremolinos. De aquellos con quienes compartiste aulas, pasillos, proyectos, preocupaciones y alegrías. Porque antes de dirigir equipos y hacer soñar ciudades, ya enseñabas valores. Ya ayudabas a formar personas. Ya eras, en esencia, un maestro.
Quizás hoy los focos apunten a los estadios, a las ruedas de prensa y a las grandes noches de fútbol. Pero en algún rincón de Torremolinos siguen estando quienes compartieron contigo una etapa inolvidable, observando con orgullo cómo uno de los suyos ha llegado tan lejos sin perder la cercanía, la sencillez y la humanidad que siempre te caracterizaron.
Málaga te estará eternamente agradecida por este sueño. Y tus compañeros maestros, seguramente también, por demostrar que la pasión, el trabajo y la educación son caminos que siempre terminan encontrándose.
Ahora queda una final. Noventa minutos, o quizá alguno más, para intentar culminar una historia maravillosa. Pero si algo ha quedado claro durante esta temporada es que, pase lo que pase, esta ciudad ya ha vuelto a creer.
Y eso, maestro Funes, también es una forma de ascenso.
Gracias por hacernos soñar,maestro.