Las señales inequívocas de inmensas pérdidas, el innegable riesgo para la integridad física de las personas y las víctimas directas de este gran temporal que no cesa, ya se trate de “Leonardo” o “Marta”, están aquí. No hay balances oficiales, aunque algo se insinúa que entre 500 y 1500 millones harán falta para reponer y hacer frente a los grandes destrozos que están teniendo lugar en Andalucía. Se cuente como se quiera contar, la capacidad de reacción y presencia de ánimo de Juanma Moreno está siendo tan valorada como sin duda merece. Cuando ruge la emergencia sólo cabe atender las prioridades, impulsar la coordinación de los dispositivos humanos y materiales y facilitar los instrumentos para paliar los peligros y los daños. Las circunstancias han puesto a prueba a los responsables y al sistema. Después del terrible, dramático y muy luctuoso accidente de Adamuz, con toda su carga de dudas por el mantenimiento de las líneas ferroviarias y su infraestructura, ha llegado esta lluvia inmensa y destructiva. Más de diez mil personas han sido evacuadas y puestas a salvo, muchas viviendas están quedando en malas condiciones de futuro y hay grandes destrozos de infraestructuras viarias y de servicio. Urge minimizar el peligro, más adelante habrá que abordar el restablecimiento de los servicios, las carreteras y la vida cotidiana. Valga como ejemplo Grazalema, un municipio en el que sólo quedan las fuerzas de seguridad, a sus ciudadanos la hermana y vecina ciudad de Ronda los ha acogido con gran hospitalidad y encomiable agrado. Ojalá en las próximas fechas sus habitantes puedan volver y retomar su vida en las mejores condiciones.
Por esta causa se ha tenido la visita de Pedro Sánchez en helicóptero, aunque aquello más ha sido un “tomar café” que visita institucional. Al fin y al cabo, muy presentes están las quejas de los ciudadanos en todos los casos por su postureo habitual y carente de contenido, ahí está la Isla de la Palma esperando, por ejemplo. Por eso el presidente de la Junta de Andalucía ha anunciado que reclamará la ayuda y los recursos necesarios para reparar los daños, pues no parece prudente confiar demasiado en que tendrá el eco y la decisión que merece. Andalucía tiene nueve millones de habitantes, los destrozos son incalculables y la ayuda ha de ser decidida y justa. La coordinación, la generosidad, la evaluación ejemplar de prioridades y la presencia personal de Juanma Moreno, así como la respuesta de los andaluces, requieren la mejor resolución posible. Al tiempo que las líneas ferroviarias deben repararse con celeridad, Semana Santa, su importancia, trasiego e incidencia económica están en cuestión y, con estos temporales, también las vidas, los empleos, las viviendas y los pueblos y ciudades andaluzas. Es hora de llegar.