Hay secretos que siempre acaban por estallar, en España los separatistas, soberanistas, independentistas, etc. no lo son, y no lo son en absoluto. Cualquiera que lo estudie acaba por concluir que los movimientos agrupados en torno a presuntas naciones sojuzgadas y no reconocidas, están claramente dirigidos hacia la reivindicación económica y gestual frente a la España estado-nación. Sus teorías, discurso y arreos, sin nación española, son pura vaciedad. No hay empresa política soberanista, sólo es un tic estratégico primario sin bibliografía y sostenido en pedir, exigir y, si se puede, chantajear hasta la hartura y la náusea. Así que esto del Diputado Rufián no puede sorprender a nadie, porque Rufián -como Cánovas avisaba- es español, porque no puede ser otra cosa. Conste que no se trata de que queramos que lo sea, que si pudiéramos se quedaría andorrano -que nos perdonen en Andorra-. No se trata ya de sus antecedentes, que si Granada y Jaén, no, se trata de lo que es por lo que ha vivido, la España que se enseña y vive en Cataluña y él ha mamado, por mucho que Junqueras, Orriols o el apastelado prófugo Puigdemont, quieran contarnos. Pero por si era poco lo que traía en el zurrón cuando llegó al Congreso, avisando que volvería en meses… Por si era poco, se dio de bruces con Madrid, con la Cibeles y la Cava Baja, con el Prado y Debod, Lardhy y la Ancha, la Gran Vía semiesquna con Callao o no digamos las vistas a san Chinarro. Que no se quiere ir, pues está seguro de que nació para esto, pues es un “indepe” de pacotilla, como todos los demás. El corazón en la cartera -o en la carrera- no es una bandera, es razón que no pasión, es cálculo y supremacismo, tan burgués como siempre es la supremacía.
En el laberinto de la izquierda del “ya no Podemos-Más”, tras el abrazo cautivo de Sánchez, necesitan un salvavidas. Yolanda ya no puede, se ahoga, Maillo trae detrás a Izquierda Unida, la que nunca muere -como antes el PCE-, y tampoco puede. Mónica -enredada contra los médicos- no encuentra compás, así que Rufián y Emilio Delgado (más Madrid). Ambos suman dos, que no es mucho, y está por ver quién puede seguirles. Como diría Alejandro Fernández, son -ellos dicen que no- dos españolazos arrojados que comparten ambición, les sobran ganas, pero no tienen ni votantes ni plan. Otegui ya ha dicho que esa oferta es demasiado española para él y su Bildu, qué a gusto está con Txeroki en la calle y lo que viene -ya lo dijo Pradales- y no necesita al tándem. Podemos, que no, que ellos son “la izquierda autónoma”, como todas las demás. ¿Vienen o van…?