Entre las dudas razonables que genera la situación de Ceuta y los hechos de la invasión, algunas voces se preguntan si Sánchez lo sabía, incluso si fue un riesgo calculado o peor, sabido y aceptado. ¿Estamos jugando a entregar las ciudades autónomas a medio plazo?
La postración del jefe del ejecutivo ante Marruecos dura ya varios años, tras la extraña carta unilateral de Sánchez -a lo tirano absoluto- modificando la posición española ante el Sáhara por su personal decisión. El 14 de marzo de 2022 se firmó la misiva, el 18 de marzo fue hecha pública parcialmente por la Casa Real Marroquí y el 23 del mismo mes fue publicada íntegramente en el diario El País. Desde esos días, los gestos favorables y agradadores de todo tipo, hasta los contantes y sonantes, son la tónica habitual del Gobierno español ante Marruecos y sus instituciones.
En esta crisis, la ausencia de medidas, la renuncia a declarar emergencia nacional o acudir a los supuestos contemplados en la ley de Seguridad Nacional y la constante minimización de la situación, han sido la tónica gubernamental. No digamos la insistencia en reflejar “la colaboración de Marruecos desde el primer minuto”.
No vamos a entrar en la enumeración de todo lo que está pasando -lo que sigue pasando- en Ceuta estos días, pero es fácil deducir que el actual estado de cosas va a ser duradero. Que no hay voluntad de agilizar los trámites para dar carpetazo a la estancia de los 8, 10 o 12.000 transgresores de nuestras abandonadas fronteras. Tampoco ha habido la mínima receptividad al ofrecimiento de la UE para prestarnos su ayuda con FRONTEX ni a proceder a una deportación masiva completa, tal y como las autoridades comunitarias expresamente avalan. En suma, ¿estamos ante una falta absoluta de reflejos, incompetencia e ineptitud, abulia o ignominiosa complicidad?