La gorra de Ferrán Torres. Ernesto García Cañas

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Si el partido Podemos se ha quedado en Pudimos, los de Sumar sólo hacen restar. A raíz del éxito de la selección española en el mundial de fútbol y de la celebración del mismo por parte del futbolista Ferrán Torres -héroe del partido- al ponerse sobre su cabeza una gorra en la que se podía leer: “Make Spain great again”, al estilo Trump-, la izquierda política y mediática, que viene a ser lo mismo, han rabiado en su contra. El instrumento utilizado ha sido Sumar, el partido de diseño creado por Pedro Sánchez para que recogiera a los desafectos de su política y que será liquidado cuando ya no lo sirva al presidente. Pues bien, Sumar ha dicho que Ferrán invierte parte de sus ganancias en la compra de pisos, como si eso fuese un delito.

El fin de semana ha sido especialmente duro para los sembradores de odio que tenemos en España, que no son otros que los independentistas y la izquierda radical, un espectro político que va desde Pedro Sánchez hasta último concejal de pueblo vinculado a franquicias “podemitas”. Pero el “finde” no sólo ha sido complicado para los políticos, también para la opinión periodística sincronizada vinculada al gobierno, al cual le deben el pan y la sal, que no ha dudado en lanzarse sobre la yugular de un joven futbolista de 26 años que, jugando en un club muy presionado por el independentismo, el FC Barcelona; ha lucido con orgullo la bandera de España en la celebración del Mundial. Insoportable para algunos…

Estos días hemos visto lo mejor de España, su cara más amable. Deportistas, cantantes, famosos… Gentes que con esfuerzo y sacrificio consiguen logros importantes en la vida y son buen ejemplo para la juventud.  Frente a éstos, aquellos que viven de la política  porque de lo contrario no sabrían que hacer con sus vidas. Éstos son los que, literalmente, “matan” por ir en las listas de los partidos políticos y luego no se conforman con los suculentos sueldos que perciben sino que también tienen que robar. Esta gentuza no es ejemplo de nada, sólo que por mantenerse en el poder no dudan en sembrar odio en la sociedad para mantener un buen caldo de cultivo de votantes.

También  hemos visto a los españoles celebrar unidos, sin banderías políticas, cantando por las calles canciones que nos unen, en un claro ambiente festivo. Pero no todo ha podido ser felicidad. Ya se han encargado de avinagrar el momento aquellos que siempre lo hacen. Porque sin duda, lo peor de España son aquellos que la odian pero viven de ella, o mejor dicho, del sacrificio de los españoles, vía impuestos, en un Estado claramente confiscatorio. Estamos hablando de la casta política vinculada al nacionalismo y a la izquierda caviar a la que le molesta la gorra de Trump en la cabeza de un futbolista o la bandera de España ceñida en la cintura.

Los logros de  la selección también están destapando un fenómeno social inaudito en la historia de España. El segmento de población que va desde los 12 hasta los 30 años se siente profundamente español en cualquier lugar de España. Estamos hablando de una afición al fútbol sumamente joven, que no tiene complejos del pasado y que se mantiene inmune a los espantajos que utiliza el poder para disuadirlos. El principal de ellos es el recurso al franquismo o a Franco, que durante 50 años ha proporcionado enormes réditos políticos a la izquierda, tanto para alcanzar el poder como para mantenerlo. No pueden asustar con Franco a millones de jóvenes que tendrán que emigrar de España porque no pueden acceder a una vivienda o porque percibirán sueldos de miseria. A éstos, no.

                                   

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