Puente, el Estado y la Guardia Civil. Joaquín L. Ramírez

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Hoy es la final del Campeonato del Mundo y será un partido de fútbol, muy sugerente, pero fútbol, ya lo dijo Scaloni, el seleccionador argentino. En el equipo español estarán los titulares y en el banquillo los suplentes, no estarán ni el Ministro Puente, ni el DAO de la Guardia Civil, tampoco su Directora y…  Sánchez, al final, no va. Es que se trata de -o se intenta- llevar a los mejores y, claro, los imputados, o los que se llevan puesta la sospecha nada presunta de ser centro, origen y liderazgo de todas las corrupciones no deben representarnos. Por cierto, a Óscar Puente, este señor malhumorado, agrio, chulesco y con maneras de matón, que se muestra ya hasta en guerra y rebeldía contra el estado, ya que nadie lo cesa y él no dimite, más valdría esconderlo.

Puede que no se quiera ver, pero la retahíla de juicios, condenas, instrucciones judiciales, noticias chocantes, reveladores informes UCO de escándalos y aparentes delitos, etc. exigen decisiones urgentes. La ponzoña instalada en los entornos de este gobierno y mayormente de su jefe lo inhabilitan para continuar, por muchas ilusiones que él se haga llenando de bruma las ventanas. Empieza a no haber un centímetro libre, la cinta grabada de dos generales de distinto rango con palabras malsonante y alguna amenaza de taberna produce náuseas. El telón de fondo era bloquear la presencia institucional de un Jefe del Instituto armado por motivos políticos inconfesables y sectarios. También dirán que no, pero nadie puede ya negarnos la realidad de lo que oímos cada día y vemos con nuestros propios ojos.

No se puede más, el fuerte olor de la irresponsabilidad y la catadura moral menos fiable no nos da un respiro. Quemados el relato y las mentiras, el tiempo se agotó.

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