Llegó despacio, correctamente afeitado y de aseada apariencia. Les habló a todos con suavidad y voz susurrada, algo engolado, sus palabras sonaron levemente forzadas en su bajo tono, para unos y encantadoras y llenas de respeto y “ternura” para otros. Puso manos a la obra casi sin resistencia mientras sus méritos, valor e intenciones se dieron por sabidos. No había precedentes, no había curriculum, sólo sus palabras y gestos, así como su encendida defensa en los pocos momentos, moderadamente crecientes, en los que surgía la duda. Pasó el tiempo y pasaron hechos, mintió, pero en ciertas capas permaneció el hechizo, un ensalmo ramplón, simple y hasta grosero, pero no por pírrico, del todo insignificante.
Cuando, frente a frente, se indica al interlocutor que se le conoce, que se sabe de él, sólo a algunos produce desazón y desconcierto, sólo a aquellos que fingen el estilo al pasear y que ocultan una densa caja negra. “Sé quién eres” -una frase polivalente- puede pasar de ser un agradable y hasta feliz comentario a un reproche o llamada de atención, un solemne aviso de que se le contendrá, pues sus pócimas y malas artes serán neutralizadas. Bregar con el adversario desconocido en cuestiones de estado convierte la resistencia en una acción muy exigente y en la que los planes pueden ser insuficientes, más aún si los límites que a todo responsable se le suponen parecen no contar para “el nuevo”. En suma, en lo político, prepararse para escenarios desmedidos no es una opción, pues sacrificar la imagen internacional, los intercambios comerciales o los legítimos intereses militares de defensa, ya forman parte del bagaje gubernamental.
Cualquier acercamiento o concreción de las acciones encienden automáticamente la luz de alarma. Pongamos Ceuta y Melilla, pongamos Canarias, su papel, el nuestro, fronteras comerciales cerradas para unas e intereses mineros estratégicos sin representación ni defensa en Monte Tropic para las otras. Qué decir de la Unión Europea, el unilateral acercamiento a China, la ausencia de una política migratoria, la regularización masiva repentina poniendo en jaque el Tratado de Schengen, como ya avisan… Qué añadir de la ejecutoria interna, los recados a la Justicia, el acoso a los jueces que incomodan la trapisonda familiar o un ministro de Justicia hablando barbaridades por encargo o escribiendo quejas de pandilla a la presidenta del Consejo General del Poder Judicial. La Cumbre de Barcelona del neoizquierdismo desolado, progresivamente decreciente, también traerá efectos y más secretos y mentiras. El populismo más tiránico que las urnas van aislando es un jabalí herido, el daño hecho no será el único. Queda más, nadie descarte un arriesgado y muy peligroso final con conflicto institucional incluido. Cuando la única prioridad es su persona, el peor mal también le vale. Pero, “sé quién eres…”