Un simpa. Joaquín L. Ramírez

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Después de las joyas de Ferraz, ya nuestra capacidad de sorpresa no tiene más sitio, tendríamos que borrar otros archivos antiguos para poder meter en memoria las engarzadas piedras de vocaciones imperiales. Ya saben, una herencia familiar, coleccionismo precioso, pago en especie o zirconitas de pinta tan excelsa que ni los expertos…

No obstante, los más conspicuos creyentes de la cosa Sánchez andan predicando su extrañeza por las supuestas y muy buscadas coincidencias de un medio o de siete que dijo -o dijeron- no sé qué de causas judiciales “antes de tiempo”. También, que los malos quieren “tumbar este Gobierno por métodos no democráticos”, ya saben, autos judiciales, artículos o programas de televisión. Y, claro, el Presidente está por la estabilidad, no por conveniencia partidista. Estos días en el Vaticano de Roma, Pedro confesó que algunos le aconsejan adelantar las elecciones, sabedores de que va a sacar una mayoría notable “más cómoda”, pero de eso nada, él quiere seguir, es puro sacrificio el hombre. Además, ya ha pedido comparecer en el Congreso de inmediato, vamos, la petición, no la comparecencia, que será en un mes y aprovechando que hablará del Consejo Europeo. De paso, de alhajas no hablará y de ZP, pues la presunción de inocencia y tal, derecha mediática, incluso de la “derecha judicial”, esa cosa. El “gobierno más transparente de la historia” respeta la justicia y colabora con ella, o no, hay quien dice que nada de nada… Pero lo dirá, Sánchez quiere resistir, él sabe de eso. En un caso remoto, si la causa se acelera y pinta mal, será la sorpresa, nadie podía esperarlo, qué engaño, la traición de la “confianza depositada” y tal. Ya si otra cosa, el requerimiento de información y registro judiciales, también en Ferraz, no hay nada o “contundencia”, menuda inventada.

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